Al poco comprendí que nadie iba a besarme aquella noche.
[...]
Pensé que era muy posible que a algunos de ellos no los volviera a ver nunca más. Pensé en eso y me pareció algo realmente inmenso, esa inmensidad de la palabra nunca, toda esa imposibilidad. Me sentí muy pequeño y a punto estuve de llorar.
[...]
Ella se fue y no le dije adiós como a todos los demás. Cosas así duelen.
[...]
Y entonces me derrumbé y recordé cuando, escondido en el baño, la escuché diciéndole a Pablo que le quería y pensé en todas las ocasiones que tuve para decírtelo a ti y no lo hice y también que ahora ya no puedo y que, peor todavía, ya no podré nunca más.
De Algunos amigos en Tú y otras carencias
Por Alfonso Navarro Ventura
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