miércoles, 12 de junio de 2013

Don't read it

Querida niña:

Acabas de nacer y, durante unos años, el mundo a tu alrededor solo se dedicará a sonreírte y a intentar que te sientas bien todo el tiempo. Calmarán cada una de tus lágrimas y nunca te faltarán caricias cuando las necesites. No tendrás que dormir nunca abrazada a un cojín porque siempre habrá alguien allí para susurrarte palabras bonitas cuando te tiemble un poquito el labio y estés a punto de llorar de soledad. No tendrás que temer a la oscuridad porque para ti todavía no significará ausencia. Y el frío será solo eso, frío, bajas temperaturas fáciles de combatir con un jersey de lana suave o una mantita más por encima. Ni te mencionarán el frío interior, ese que puede hacerte temblar de arriba abajo aun cuando el sol esté en lo más alto. ¿Y el miedo? Solo dejarán que te asusten los ruidos fuertes o que mamá no esté allí cuando la busques con la mirada. Pero ya tendrás tiempo para conocer el miedo de verdad, ese que te deja impotente y construye súbitamente barreras enfrente de ti, el que pone trabas a todo y te impide avanzar. Y el dolor. Ay, pronto aprenderás que el peor de todos es el dolor de la decepción, esa punzante agonía, ese morderse el labio para no gritar, la locura de tener que respirar hondo y evitar salir corriendo. Quedarse. El absurdo de quedarse. La sucia mentira de un para siempre.
Te dirán, pequeña, que el futuro está construido de ilusiones, pero en realidad lo formarán pedacitos de ausencias, esquirlas de sueños rotos, trocitos muertos de esperanza, sombras acechantes tras los miedos imprimados de dolor. Y nombres, cientos de nombres entrelazados que son sonrisas, latidos de corazón, sobresaltos, ganas de huir, ganas de que nunca más. El futuro como prolongación de lo peor de tu pasado.

Y ojalá nunca leas esta carta. Ojalá dejes que te engañen, que te envuelvan en esa falsa seguridad. Ojalá seas feliz ahora porque luego, ¿sabes?, nadie te lo va a poner fácil. No vas a volver a parecerles frágil nunca más, por muy a punto de romperte que estés. Por muy rota que te quedes.

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